El Mampato 352, del 20 de octubre de 1976, taría de regalo este póster del boxeador chileno Martín Vargas. En una época en que el boxeo aún era un deporte de gusto masivo, en más de una oportunidad vi pelear al recordado Martín Vargas, quien intentó infructuosamente obtener el título mundial de la categoría mosca frente a recordados y fieros oponentes. En 1977 disputó el título frente al mexicano Miguel Canto; en 1978 lo intentó nuevamente, esta vez frente al venezolano Betulio González; y, finalmente, en 1980 frente al japonés Yoko Gushiken. Lamentablemente, nunca consiguió coronarse campeón mundial.
Para la pelea con Gushiken, recuerdo que en el liceo en que yo estudiaba, que era un liceo católico de una congregación de Hermanos del Sagrado Corazón de Jesús, solíamos rezar una oración matinal antes de comenzar la clase. El día previo al combate de Martín Vargas, o quizás ese mismo día (porque la pelea la transmitirían desde Japón vía satélite a una hora en que deberíamos estar durmiendo), se ofreció para hacer la oración un compañero de apellido Marchán (no recuerdo su nombre de pila) y muy serio y emocionado, le pidió a Dios que le diera la victoria a Martín Vargas. Por lo visto, Dios no existe o simplemente decidió hacer caso omiso al insólito ruego que la mayoría de mis compañeros de clase respaldaron y que dejó a nuestro profesor con cara de desaprobación.


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