Hasta ahora había compartido uno solo de los álbumes de Astérix que se han publicado desde que Albert Uderzo decidió dejar de dibujar la serie. Se trató del álbum "Astérix tras las huellas del grifo". La verdad es que en mi biblioteca no tengo ninguno de esos álbumes, pero en el foro del CRG los han compartido y de ahí los he leído. Algunos de ellos son abiertamente malos, en mi opinión, como uno que lo protagoniza una insoportable adolescente que era hija de Vercingetorix.
El que comparto en esta oportunidad es el último que se ha publicado y no está al nivel del que acabo de mencionar. Aquí, al menos no hay personajes insoportables ni tampoco se trata de meter a la fuerza temas que, supuestamente, son afines a las corrientes predominantes en la opinión pública del siglo XXI. Esta vez se trata de una historia similar a las de la antigua serie pues Astérix y Obélix viajan a Lusitania a ayudar a un lusitano a demostrar su inocencia pues ha sido acusado de querer envenenar a César con el garum que le prepara, una salsa muy apetecida en la cocina romana.
Este es el álbum número 41 de la serie y el segundo cuyo guionista es el francés Fabrice Caro (1973), conocido como Fabcaro. Los dibujos, en cambio, siguen siendo del francés Didier Conrad (1959). Si bien este último ha logrado acercarse al estilo de dibujo que le imprimió Uderzo a la serie, el problema sigue estando en los guiones porque ya sabemos que resulta muy difícil igualar el genio de René Goscinny. Lo que hacen los guionistas que han debido reemplazarlo es intentar reproducir el mecanismo que usaba el recordado guionista para hacer reír a sus lectores: los juegos de palabras, las referencias a las diferencias étnicas o culturales de los pueblos que aparecen en la serie, las peleas o discusiones entre los miembros de la aldea gala o el contraste entre la astucia de Astérix y la torpeza de Obélix. Sin embargo, el error habitual es que se hace un uso exagerado de estos recursos al punto de resultar poco graciosos. Del mismo modo, Obélix en este álbum a veces parece irreconocible; desde luego, no por su fisonomía, sino por el modo de actuar e, inclusive, de expresarse. A esto hay que agregar el problema ya consabido de la serie, que es el de su traducción. Aún no la he comparado con la versión original, pero sospecho que hay muchos juegos de palabras que debieron ser reinterpretados por el traductor, tratando de provocar hilaridad sin siempre poder lograrlo.
Un recurso que parece haber dado resultado, al menos para los lectores más conservadores de la serie, es el incluir a algunos personajes que ya han aparecido previamente en álbumes de la clásica dupla de Uderzo y Goscinny o incluir referencias a algunos de esos álbumes, como sucede en este caso con "La residencia de los dioses", al menos para justificar la relevancia de un personaje.
Como dije, este es un álbum cuya lectura me entretuvo, sin ser uno de aquellos que merecen ser releídos cada cierto tiempo. Seguramente sacará algunas sonrisas y para los más acérrimos defensores de la ortodoxia "asterixiana", su lectura no constituirá una experiencia insoportable. Les dejo la primera página a modo de degustación:
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