
Bueno, y llegó el día que los mampatinos no queríamos que llegara. La vida del gran dibujante Themo Lobos ha llegado a su fin hoy martes 24 de julio. Al parecer aquejado de una insuficiencia respiratoria, su vida se apagó hoy en el hospital Gustavo Fricke de Valparaíso.
La creencia popular sostiene que la muerte nunca viene sola y que siempre se lleva de a tres a nuestros semejantes. Antes de ayer fue el turno de Miguel Arteche y hoy el de Themo. No tengo palabras para expresar el pesar que me embarga porque, aunque sabíamos de su delicado estado de salud, siempre mantuve la esperanza de poder verlo nuevamente en el lanzamiento de la esperada edición de la aventura de los balleneros.
En nuestro país, las frías estadísticas dicen que Themo vivió más de lo que viven en promedio nuestros compatriotas. Además, alguien que tenía el hábito del tabaco, probablemente extendió su vida bastante más allá de lo que sus médicos pensarían. Pero aún así, ni una vida de cien años habría sido suficiente para consolarnos a quienes lo conocimos a través de su creación. Su legado como patrimonio cultural de nuestro querido y a veces complicado país, perdurará en la memoria de al menos tres generaciones que crecimos leyendo sus historias. Como dice la presentación de mi blog, en buena medida gracias a él creo ser una persona de amplia cultura. Como lo son todos mis compañeros y amigos de generación a los que también deleitó y educó a través de su arte.
No alcanzó a recibir el Premio Nacional, el que se tenía ampliamente merecido, pero sé que recibió el mayor premio que todo artista puede recibir: el reconocimiento, cariño y admiración de todos aquellos a quienes deslumbró cuando niños y que hoy, ya adultos, lloran su partida.
Una iniciativa como la de este blog, que empecé hace casi cuatro años, fue una de las maneras de rendir tributo en vida a este gran hombre. Puede que no todos lo hayan entendido así. Pero a mí y a los amigos que he conocido a través de este espacio siempre nos ha movido el mismo sentimiento de gratitud y admiración a su obra. Nada más. Pero tampoco nada menos. Themo se merece esto y muchísimo más. Ojalá ahora vengan esos reconocimientos que esperábamos. Ojalá más de una biblioteca lleve su nombre; ojalá que la feria del libro infantil y juvenil honre su memoria; ojalá que por fin tengamos un lugar al que poder ir a admirar su prolífica obra artística, un museo o un centro cultural que permita recordarlo y que permita el encuentro allí de aquellos jóvenes y niños que quisieran seguir sus pasos en la vida.
Themo era agnóstico, como lo soy yo también, de modo que no puedo expresar más que mi pesar y mi deseo de que sus seres queridos, sus hijas e hijo, sus nietos y sus amigos, pero también sus miles y miles de admiradores, puedan encontrar consuelo ante esta terrible pérdida, sabiendo que Themo estará permanentemente en la memoria de quienes conocimos su obra y que lo estará también en la de las futuras generaciones. Muchos de nosotros hemos enseñado a nuestros hijos a conocerlo y admirarlo. También ellos les enseñarán a sus hijos que existió un artista que estuvo a la altura de esos grandes creadores que en otras latitudes saben honrar y reconocer públicamente y que, desde su condición de dibujante y contador de historias extraordinarias, contribuyó a forjar valores fundamentales con los que se construye un país más justo.
Me quedo con esas palabras que nos envió hace unos años, repoducidas en su autocaricatura, y que servirían de aliento a quienes han querido segur sus pasos en el dibujo.

Mayoneso
La creencia popular sostiene que la muerte nunca viene sola y que siempre se lleva de a tres a nuestros semejantes. Antes de ayer fue el turno de Miguel Arteche y hoy el de Themo. No tengo palabras para expresar el pesar que me embarga porque, aunque sabíamos de su delicado estado de salud, siempre mantuve la esperanza de poder verlo nuevamente en el lanzamiento de la esperada edición de la aventura de los balleneros.
En nuestro país, las frías estadísticas dicen que Themo vivió más de lo que viven en promedio nuestros compatriotas. Además, alguien que tenía el hábito del tabaco, probablemente extendió su vida bastante más allá de lo que sus médicos pensarían. Pero aún así, ni una vida de cien años habría sido suficiente para consolarnos a quienes lo conocimos a través de su creación. Su legado como patrimonio cultural de nuestro querido y a veces complicado país, perdurará en la memoria de al menos tres generaciones que crecimos leyendo sus historias. Como dice la presentación de mi blog, en buena medida gracias a él creo ser una persona de amplia cultura. Como lo son todos mis compañeros y amigos de generación a los que también deleitó y educó a través de su arte.
No alcanzó a recibir el Premio Nacional, el que se tenía ampliamente merecido, pero sé que recibió el mayor premio que todo artista puede recibir: el reconocimiento, cariño y admiración de todos aquellos a quienes deslumbró cuando niños y que hoy, ya adultos, lloran su partida.
Una iniciativa como la de este blog, que empecé hace casi cuatro años, fue una de las maneras de rendir tributo en vida a este gran hombre. Puede que no todos lo hayan entendido así. Pero a mí y a los amigos que he conocido a través de este espacio siempre nos ha movido el mismo sentimiento de gratitud y admiración a su obra. Nada más. Pero tampoco nada menos. Themo se merece esto y muchísimo más. Ojalá ahora vengan esos reconocimientos que esperábamos. Ojalá más de una biblioteca lleve su nombre; ojalá que la feria del libro infantil y juvenil honre su memoria; ojalá que por fin tengamos un lugar al que poder ir a admirar su prolífica obra artística, un museo o un centro cultural que permita recordarlo y que permita el encuentro allí de aquellos jóvenes y niños que quisieran seguir sus pasos en la vida.
Themo era agnóstico, como lo soy yo también, de modo que no puedo expresar más que mi pesar y mi deseo de que sus seres queridos, sus hijas e hijo, sus nietos y sus amigos, pero también sus miles y miles de admiradores, puedan encontrar consuelo ante esta terrible pérdida, sabiendo que Themo estará permanentemente en la memoria de quienes conocimos su obra y que lo estará también en la de las futuras generaciones. Muchos de nosotros hemos enseñado a nuestros hijos a conocerlo y admirarlo. También ellos les enseñarán a sus hijos que existió un artista que estuvo a la altura de esos grandes creadores que en otras latitudes saben honrar y reconocer públicamente y que, desde su condición de dibujante y contador de historias extraordinarias, contribuyó a forjar valores fundamentales con los que se construye un país más justo.
Me quedo con esas palabras que nos envió hace unos años, repoducidas en su autocaricatura, y que servirían de aliento a quienes han querido segur sus pasos en el dibujo.

Mayoneso





