miércoles, 17 de agosto de 2011

Cabrochico Nº 1 [nueva edición]


Mirolo nos envía una nueva edición del primer número de la revista Cabrochico. Esta vez está completa, con su tapa y contratapa, de manera que pueden reemplazar la versión anterior que habíamos compartido en el blog.

Muchas gracias a Mirolo por este ejemplar. Yo estoy trabajando en dos números más que me enviaron Hugo y Alicia. Pronto tendrán novedades.

sábado, 13 de agosto de 2011

Francisco Solano López (1928-2011)

Leyendo la prensa me entero que ayer viernes falleció el dibujante argentino Francisco Solano López, quien dio forma a ese extraordinario personaje que salió de la mente de Héctor Germán Oesterheld (1919-1978) y que viera la luz en 1957 en las páginas de la revista Hora Cero: el eternauta.

Solano López fue un prolífico dibujante cuya obra se esparce por el mundo en innumerables revistas y estilos. Desde la ciencia ficción con contenido social hasta el cómic erótico. Su estilo es inconfundible y lo pueden encontrar en el foro del CRG, donde hay varios de sus trabajos disponibles en la mula electrónica.

Recuerdo que la primera vez que leí "El eternauta" comencé a leerlo al acostarme y no pude soltarlo hasta que lo terminé ya de madrugada. Fueron horas de trasnoche en las que me mantuvo absolutamente cautivado esta extraordinaria historia. Una mezcla de pena y admiración es lo que Juan Salvo despertó en mí aquella primera vez que leí "El eternauta", la misma pena y admiración que sentí cuando supe que Oesterheld había muerto presumiblemente en 1978 tras su detención y desaparición por los servicios de seguridad de la dictadura militar argentina.

Ayer Solano López se fundió con el infinito y tal como sucediera con su amigo Héctor Germán Oesterheld, ha pasado a formar parte de ese panteón luminoso de la historieta mundial.


martes, 9 de agosto de 2011

Mampato y Ogú en El Tíbet


Hoy compré el libro de Mampato y Ogú que publicó Random House Mondadori. Me costó $6.000 en la librería Antártica y me lo leí de inmediato. Son 92 páginas del tamaño de las antiguas ediciones de Papelucho que publicaba la Editorial Universitaria. Además, la letra es grande. Al ojo, debe ser tamaño 14 ó 16 y tiene varias ilustraciones. Todo eso explica que sea un texto breve y muy rápido de leer.

En el libro no aparece la hija de Themo como con-autora o algo así. Sólo aparece Themo como el autor del texto. Pero además de la información que se difundió el otro día sobre el papel que ella tenía en el libro, se nota en el texto una pluma que no es la de Themo. Por ejemplo, me llamó la atención que las frases que pronuncia Ogú en el libro son poco naturales. Es decir, me quedó la impresión que se tomaron dos o tres expresiones célebres de nuestro peludo amigo para usarlas sistemáticamente, lo que le resta naturalidad a nuestro querido personaje. A su vez, el uso de la escritura fonética con la que es identificado Ogú aparece aquí un poco extraña. Al menos yo me quedé con la impresión que algo no encajaba.


La historia, narrada en primera persona por Mampato, es más simple que aquellas a las que nos tenía acostumbrados Themo. Aunque ciertos recursos narrativos usuales en las aventuras de Mampato se mantienen, su utilización es menos fina que en las historietas. Me refiero a esas vueltas de tuerca con que nos sorprendía siempre Themo. Lo mismo ocurre con la dosis de misterio e intriga que aunque también está presente en esta historia, aparece muy desdibujada. Como desdibujados quedan también los dos villanos de esta historia: Naga Dagg y Kermitsen, los falsos topógrafos que parece que andan en algo medio turbio. En el libro no se aprovecha lo que ofrecen siempre estos antagonistas en las historietas de Mampato. Por su parte, me pareció algo mejor logrado el personaje de Lord jim, el flemático inglés al que nuestros amigos acompañan en su viaje por el Tíbet. Pero tampoco el libro alcanza a sacarle partido a lo que ofrecía este personaje. Por ejemplo, queda un poco de lado algo que parecía ser importante en la historia, y que era una cierta emoción que expresaba Lord Jim de vez en cuando y que trataba por todos los medios de disimular. No queda claro a qué obedecía exactamente, más allá de la referencia a un amigo que perdió hace años. En definitiva, la parte final de la historia me dejó una sensación de gusto a poco, a muy poco.

La historia está organizada en 17 capítulos, de los cuales los cuatro episodios publicados en la revista Pimpín cubren más o menos los primeros 8. Digo más o menos porque hay algunos elementos que no aparecen en la historieta pero así también hay elementos de ella que en la novela no se mencionan.

Las ilustraciones que acompañan este libro me gustaron. Salvo una de ellas, en que sale Mampato sostenido por un volantín, el resto corresponde al estilo que le hemos conocido a Themo. Por cierto, el trazo se nota más débil pero creo que resulta satisfactorio para el lector habitual de Mampato.

En suma, el libro es bastante menos de lo que pudo ser la historieta, de haberse podido terminar. Después de leer el libro, releí los cuatro episodios aparecidos en Pimpín y sentí que en ellos se contaba mucho más de lo que refleja el libro en sus primeros capítulos. En cualquier caso, al menos ahora sé cómo terminaba esa historia, en caso que Themo haya sido fiel a su idea original.


Por último, el libro parece estar orientado a un público infantil, en lugar del público más amplio de las historietas de Mampato. Y no lo digo porque me diera pudor que en el metro me vieran leyéndolo, sino porque el estilo de la narración asemeja más a la de un libro para niños.

Bueno, espero no desanimar a nadie con este comentario. Creo que vale la pena comprarlo porque, mal que mal, forma parte del universo mampatino y para un seguidor del muchacho colorín resulta casi un deber tenerlo. Me gustaría conocer otros comentarios de quienes lo hayan leído. A ver si hay cosas que pasé por alto y que valía la pena comentar.

Las dos imágenes que acompañan este comentario las digitalicé del libro. La primera es, obviamente, la portada. Y esta última corresponde al momento en que Lord Jim y sus amigos llegan a la ciudad de Lhasa.

sábado, 6 de agosto de 2011

Mampato en Agharta [capítulo 18]


Continúa la aventura del pelirrojo en la tierra hueca. Este capítulo es el 18 de la serie Mampato en Agharta, un particular tributo que nuestro amigo MaGoTo rinde a Themo y no un intento de suplantarlo, obtener rédito ni nada que se le parezca. Es una obra sin fines de lucro que solamente busca homenajear al maestro Themo Lobos. Que la disfruten.




viernes, 5 de agosto de 2011

Mampato se moviliza por mejor educación [Epilachu]

Nuestro amigo Epilachu nos envía esta ilustración de Mampato en medio de las movilizaciones estudiantiles. Para los que piensen que Mampato jamás se habría sumado a este tipo de movilizaciones, pueden suponer que iba pasando cuando justo se encontró con estos niños malcriados que no quieren estudiar. Por el contrario, para quienes creen que Mampato sí habría estado participando activamente en estas movilizaciones sociales, se lo pueden imaginar encabezando esas mismas marchas estudiantiles que hemos visto los últimos meses. Comme vous voulez!

miércoles, 3 de agosto de 2011

Mosaico de Mampato

Enrique Cornejo, otro mampatino visitante de este blog hizo su propio tributo a Mampato con este increíble mosaico del pelirrojo. Como podrán apreciar, está realizado con las portadas de la revista. Ojalá nadie se enoje por esta forma de homenajear a nuestro alterego.


lunes, 1 de agosto de 2011

Flordelis y Patatrac [Biblioteca Mampato Bicentenario]

Nuestro amigo Mambrú, que se encuentra quién sabe dónde dedicado a realizar una tesis sobre quién sabe qué, se ha permitido un paréntesis en su arduo trabajo para compilar y editar otra de las historietas francobelgas que conocimos en Mampato. Les dejo con Mambrú, quien podrá describir mejor que yo este clásico:

Flordelis y Patatrac. De Tintin a Mampato

Hace algún tiempo, cuando Manganeso publicó en su blog las primeras revistas de Mampato en que aparecieron Flordelis y Patatrac, señaló que no sabía nada de sus autores (cuyas firmas no aparecen en las planchas publicadas por la revista chilena). Como Mambrú es obsesivo, se pasó varios días revisando internet para tratar de encontrar el dato, y no consiguió nada. Siguió, entonces, rebuscando en cuanta fuente bibliográfica caía en sus manos: diccionarios de la BD, historias del cómic, bases de datos de autores y personajes, etc.

Y todo fue inútil hasta que, hace algún tiempo, Mambrú se compró un “Dictionnaire de la Bande Dessinée” que, hasta entonces, no conocía. Y allí se encontró, en un índice secundario, con un personaje llamado Fleurdelys, dibujado por Mazel. En la web existían sólo cinco imágenes del tal Fleurdelys: las cinco portadas que tuvo en las ediciones francesa y belga de la revista Tintin. Pero estas imágenes bastaron para confirmar la coincidencia con el personaje aparecido en Mampato. Y también bastaron para enterarnos de que el gordo Patatrac, galante y enamoradizo compañero de Flordelis, en su versión francesa se llamaba Patacrac (¿cuál sería la razón de tan insignificante variación del nombre, en la edición mampatina?).

Todo esto, en todo caso, nos lo podría haber dicho el pérfido Manganeso, que ha hecho trabajar en vano al pobre Mambrú porque tiene en su casa los empastes de la revista Tintin en que apareció Fleurdelys, como declaró -con desparpajo- cuando el autor de estas líneas anunció el resultado de sus durísimos trabajos investigativos (Mambrú ha de decir, en todo caso, que el sentimiento que lo embarga contra el bachibuzuk y ectoplasma de Manganeso no es la ira, sino la envidia).

De cualquier manera, y para que el trabajo de Mambrú no haya sido absolutamente en vano, les adjunto las siete portadas (cinco tintineanas y dos mampatinas) que, hasta donde sabemos, tuvo la simpática pareja dibujada por Mazel y escrita por Vicq (el guionista de Korrigan):


Hay un dato curioso en la primera portada de Flordelis en Mampato (aquella del caballero sin cabeza o, más precisamente, de la cabeza sin caballero) y es que, aunque el dibujo corresponde a una escena de aquella aventura, no se trata de una reproducción de la viñeta correspondiente, sino de una recreación. ¿Habrá sido hecha por los dibujantes de Mampato, quizá por el propio Themo? ¿o, más bien, estará tomada de alguna plancha interior de Tintin? Quizá Manganeso pueda rebuscar en su colección y darnos la respuesta.

De cualquier modo, estas siete portadas no dejan de ser un valioso testimonio gráfico de la corta existencia de estos personajes, pues nunca fueron publicados en álbum y, hasta donde sabemos, no tuvieron presencia en ninguna otra revista periódica. Toda su vida en el mundo de la historieta se reduce a 32 apariciones en Tintin, entre 1966 y 1968, y 11 en Mampato, entre mayo de 1970 y octubre del 71.

Al parecer, la razón de tan efímera existencia fue la migración del dibujante, Mazel, hacia la competencia, puesto que en 1969 se marchó de Tintin para hacer sus monitos en Spirou, aunque en su nueva casa inició un proyecto muy semejante al que dejaba atrás: “Câline et Calebasse”.

Y en este punto Mambrú se dio cuenta que, para encontrar al autor de Flordelis, siempre había tenido una pista frente a sus ojos, pero nunca la supo interpretar: de niño, el padre de Mambrú llegó a su casa, alguna vez, con unos álbumes de la serie en la que culminó aquél proyecto de “Câline et Calebasse”: “Les Mousquetaires”.

El continuo-discontinuo con Flordelis y Patatrac es bastante evidente: un rubio espadachín que se une a un trío de mosqueteros, aunque hace especial amistad con uno gordo, con bigote y una singular habilidad para meterse en líos. Pero las imágenes hablan mejor por sí mismas:


La calidad del dibujo, entre una y otra obra, mejora consistentemente, y mejorará aún más con el paso del tiempo, cuando Mazel retome la serie, ya en los '90. Pero de esto nos podría hablar con más fundamento el solitario Han.

Mambrú espera que los nostálgicos mampatinos que visitan este blog disfruten con la recopilación de las aventuras y desventuras de estos dos mosqueteros.

Un saludo

Mambrú